El origen de Godthund.
Traya se tumbaba a mi lado y si me dormía, nadie podía ni tan siquiera respirar sin pedir permiso.
Siempre me cubría las espaldas. Siempre estaba pendiente de mi.
Siempre de siempre.
Desde poco después de nacer y hasta su último suspiro.
Godthund nace de ahí.
Del vacío que dejó.
De donde no quieres siquiera asomarte. No por miedo a caerte.Por miedo a ver. Por miedo a verte. Por miedo a conocerte.
Cuando necesitas saber quién eres y qué haces aquí y solo el zumbido del silencio te responde mudo.
No encuentras tu sitio. No estás en ningún sitio. No sabes dónde refugiarte cuando hay tormenta.
Y ahora, enseñado por el tiempo, entiendo que siempre hubo una llama que quiso guiarme.
Que también quiso calentarme y me brindó siempre un cobijo que no supe ver. El que tanto buscaba y necesitaba.
Una mirada que jamás me juzgó. Que me dió todo. Sin condiciones ni preguntas.
Por negra que hubiera teñido mi alma aquel día, me brindaba en la noche al llegar a casa, lo que un hombre no suele hacer si no es por cierto interés.
La que solo un animal te puede dar. La que solo un perro te puede conceder. Su más preciado don. La lealtad más absoluta, rotunda e incuestionable.
Más de una década después de su marcha, aún me ahoga el recuerdo. Necesito explicarle que no la vi, que aunque sabía que estaba ahí, no la vi.
Daría 10 años de mi vida por volver a pasar un día completo con ella.
10 años no son nada.